NO MÁS Aparatito
No me entiendo la verdad, olvido con tanta facilidad mis propios ensayos-errores-conclusiones que me vuelvo a equibocar. No aprendo nunca o me hago trampa, a mí misma.
No fue ni una, ni dos, ni tres veces de un antes, había decidido no más cortarme el pelo, Yo, Sola. Porque siempre me ha quedado pésimo. Pero igual lo hice. Y nada cambio.
Me desespera la capacidad suicida, que tan útil aparatito, inofensivo por si solo, puede llegar a tener, pero que en manos equibocadas o empleadas de cabeza desquiciada, tras la espalda muestra las garras.
Y me quedó pésimo, casi regalo lágrimas derramadas, pero disminuí tanto mis ganas, que de llorar, ahora nada.
No voy a salir mañana, ni hoy, por lo menos a cumplir, mira que estupidez!, la propia obligación aceptada. Me da vergüenza, porque ni con mil marañas, lograré arreglarme esta cagada.
Y así es. Mi pelo crece tan lento, como para mejorar en poco tiempo. Voy a esperar algo, por lo menos días que me hagan aceptarlo con más resignación. Juro!, ¡juro que nunca más me lo corto!. ¡Oh, cuántas veces se a quedado pegado este disco en eso!. Las cejas tampoco. Sólo lo teñiré café cuando más largo esté.
El Beso inmaduro
No me había tocado conocer gente de esa calaña, pero hay una oportunidad para todo en esta vida. No me gusta ir a esa casa y no es por la distinguida señora, ni menos por el gallardo hermano, sino por el omitible padre. Que persona tan acotable, señor desconfiable.
Sus actitudes, movimientos, comentarios y concupiscente mirada, no me libraron ayer. Al saludarlo, aquel abyecto caballero, posó sus labios en las comisuras de los míos, y tanto su actitud, como su hálito, como mil puñales me ultrajaron. Ese señor, es un viejo verde.
Ahora que me acordé, también antes había conocido gente así, don Peter.


No hay comentarios:
Publicar un comentario