Juro!, que no noté en qué instante entró a mi estómago un globo aerostático, y empezó a crecer y a expandirse de un momento a otro. Me aterra mi situación, primero porque es incómodo, pero aún más, porque es imposible. No hay cómo, no hubo cómo.
Debiera iniciar una iglesia.
El asunto es que el globo lo tuve siempre -ja, y nadie lo fecundó-, de hecho es inocuo y lo tienen todos, pero yo me he encargado de alimentarlo con el más cálido, tóxico y morfínico de los aires. Y cuando lo hago, lo hago con placer y eso no me da orgullo, pero en el momento es de lo más liberador. Luego, hasta se te olvida como caminar.
martes, 22 de julio de 2008
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