sábado, 5 de julio de 2008

Me encantaba

Ignac-

En esos momentos hubiese olvidado por completo que tenía manos, si no fuera porque las miré antes de seguir y traté de darles calor. Y allí estaba él, tan galante y misterioso como siempre, con su gabardina, una bufanda gris y un gorro alado, de pie bajo el farol. Me saludó, ¿que linda voz!. Miraba sus ojos mientras él hablaba, mientras me explicaba. Nunca me aburriría de sentirlo cerca. La vaharina salía por su boca.

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