Me encanta ir a cafés, aunque nunca tenga mucha plata que digamos. Lo mejor, es ir a esos cafés acogedores, en los que uno sólo se dedica a pensar o a mirar pah fuera, para la calle.
Lo peor, por lo menos para mí, -que no soy ni gay, ni diseñadora, ni tan snobb, (ja esa palabra)- que me gusta lo rústico ??, es ir a esos cafés de diseño, esos que tú no sabes si ocupar o no las cosas que hay ahí, porque no sabes si son esculturas o te da cosas ensuciarlas. Eso es incómodo.
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